jueves, 14 de enero de 2010

Que es la enfermedad.



Cada síntoma es pues, portador de una información, de un mensaje sobre el estado de nuestra alma. Nos indica que tenemos un problema, que algo falla, que tenemos una carencia.
Cuando la conciencia se encuentra en un estado de armonía, la enfermedad no tiene razón de ser y no se manifiesta.
A cada síntoma físico, le ha precedido un pensamiento, un sentimiento, una creencia negativa, algo que nos ha hecho sentirnos mal y que no podemos sobrellevar, algún asunto que hemos dejado sin resolver que puede estar relacionado con el miedo, el desamor, el resentimiento, la violencia reprimida, la inconsciencia o la irresponsabilidad.

Cuando una persona se niega asumir concientemente una parte de si mismo, es decir su sombra, el principio rechazado se introduce en su cuerpo y manifiesta en forma de síntoma, para que no tengamos mas remedio que experimentar aquello que hemos rechazado.

El cuerpo se convierte en el espejo del alma. El nos muestra aquello que el alma no puede reconocer; nos hace visible esa parte que nunca descubriríamos en nosotros. Por lo tanto, el síntoma manifiesta físicamente lo que al hombre le falta en el alma para estar completo, para estar sano.

Como podemos ver, la función del síntoma es sacar a la luz aquello que no aceptamos en nosotros o los demás, obligándonos a cambiar nuestras creencias negativas para superar la situación.
Por lo tanto, cuando rechazamos un síntoma, estamos rechazando una parte de nosotros mismos, precisamente aquella que mas necesita de nuestro reconocimiento y aceptación para estar completos, para estar sanos.

Cuando aparece el síntoma tenemos que preguntarnos? A que me obliga el síntoma? y Que me impide? Que debería dejar de hacer? Que nueva acción deberá emprender.

El síntoma nos obliga a cambiar de conducta para corregir nuestro desequilibrio, por ello,
Lo correcto para nuestra evolución es desistir voluntariamente de aquello que se nos quita y aceptar de buen grado aquello que se nos obliga a hacer.

Extraido del libro: Conocernos, de Joman Romero Lopez.