El niño interior posee un alto poder de sanación. Ya hemos visto en numerosas ocasiones que el niño interior es la pureza, la frescura, la ternura, la ingenuidad filosófica, la espontaneidad, la sinceridad, la inocencia, la humildad, las ganas de jugar, divertirse, el no condicionamiento. Es el estar fuera de matrix, del mundo de la programación. Es la imaginación, la alegría, la ausencia de creencias, como no sea creer que todo es posible. Los niños también simbolizan los nuevos impulsos de la psique, los que nos llevan a renovarnos, a salir de la rutina.
Estas son las actitudes que eran susceptibles de sanar la psique estresada de este hombre, la cual se manifestó a través de su dolor. Sus hijos, que a estas edades están influenciados y guiados por los ángeles Serafines, captaron inconscientemente la historia y le transmitieron el mensaje de la mejor forma que pudieron, es decir con muchos mimos y atenciones. El amor siempre nos sana y nos renueva.